magia

•6 diciembre 2008 • Dejar un comentario

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Magia. ¿Qué es la magia? Es algo grande misterioso que nos hace ilusionarnos y volver a ser niños, o a serlo de manera más pura. Es aquello que consigue que nos encontremos con nuestro mayor grado de inocencia y sonriamos sin miedos.

 

Allá por donde pasaba el mago, solo veía sonrisas, acompañadas con un brillo en los ojos muy especial. No hacia falta que hiciese una demostración de sus maravillosas artes para que la gente fuese feliz, simplemente viéndole la vida de las personas se transformaba, aunque fuese durante unos instantes.

 

El mago recorrió el mundo varias veces, estuvo en los cinco continentes, conocía todos los océanos y mares del Mundo, y solo veía sonrisas. Hasta el extremo que se le olvidó por completo el concepto de tristeza, sin embargo cuando estaba solo, le invadía un sentimiento amargo que por supuesto no podía saber que era. El pensaba que de ese sentimiento devastador que encontraba en la soledad era de donde sacaba sus poderes para conseguir la magia. Qué en eso se diferenciaba del resto de las personas con los que se cruzaba a lo largo y ancho del mundo. El no siempre sonreía.

 

Por las mañanas se situaba frente al espejo y ponía en su cara una sonrisa, pero era incapaz de ver brillo en sus ojos, y desde luego no trasmitía aquello que trasmitían los demás. Sin embargo salía a la calle y en cuanto empezaba a ver sonrisas a él se le iba contagiando. Pero claro en la calle no llevaba espejo por lo que no sé la veía, y cuando volvía a casa otra vez la había perdido.

 

Desesperado por no encontrarse el brillo en los ojos, decidió buscar a otro mago, a ver si él le trasmitía la sonrisa, busco y busco pero todos le parecían estafadores que no hacían verdadera magia, eran solo trucos y eso en lugar de darle una sonrisa le provocaban ganas de gritar.

 

Decidió acudir a una convención de magos que se celebraba en Moscú, pensando que entre tanto mago, alguno sería auténtico. Cuando llego todo el mundo sonreía, y eso le dio mala espina. Fue entrando en todas las salas y en cada cuál había un espectáculo mayor, pero todo eran trucos, se desesperó. Decidió subir al cuarto a por sus maletas, decidido de que era mejor recorrer el mundo viendo sonrisas que viendo a esos estafadores que se proclamaban sus iguales.

 

Cuando subió las escaleras corriendo por el agobio que sentía ahí dentro se encontró que en lo alto de las escaleras había una chica que tenía gotas de agua en la cara y los ojos muy brillantes, muy brillantes. Sorprendido por eso decidió preguntarle que le hacía tan feliz que conseguía materializar el brillo de sus ojos en maravillosas gotas de agua.

 

La chica le miró sorprendida pero no hablo, él le contó su historia, ella le miro a los ojos y dijo: Creo que los dos por fin hemos encontrado la formula de la sonrisa.

 

El otro día me encontré a un amigo con una gran sonrisa. Le pregunté a que se debía toda esa felicidad. La única razón que me dio, fue que hacía una semana se había encontrado con dos magos en un parque y que desde entonces no había parado de sonreír. Le pregunté por los trucos, invadida por la curiosidad. No se acordaba, pero no eran trucos…

¿Coloreamos un mapa?

•15 noviembre 2008 • Dejar un comentario

paseantes 

Vuelo, me siento libre, tengo ganas de gritar, y de hecho grito. ¡Por Fin!

 

¿Por fin el qué? No lo sé, simplemente veo el mundo desde lejos, pequeñito y me siento con fuerzas de abarcarlo completamente, y al instante me encuentro en el como una habitante más en mitad de una calle principal de una gran ciudad, por supuesto la calle concurrida de gente hasta límites insospechados. Miro alrededor y hay miles de personas, unos corriendo otros simplemente paseándose. Unos van solos y otros en grupos.

 

Es mágico, y perdonen la cursilería, observar a toda esta cantidad de personas distintas, que convergen en un momento del día, en un punto en común, se choca, se piden disculpas. Siguen su ritmo y nunca sabrán si volverán a ver a esa persona o no. Ni siquiera se lo plantean. Es más ni siquiera son conscientes de aquellas personas a las que ven todos los días.

 

Se oyen bocinas, conversaciones risas, el llanto de un niño, la música de la tienda de la esquina y a un repartidor de periódicos.

 

Y de repente todo se para, todo deja de sonar, todo deja de existir. Sólo existo que me evado de todo lo que me rodea y empiezo a pensar en mis cosas.

 

Sigo mi ritmo en la misma dirección que siempre, me empujan, empujo, pido disculpas, voy con los cascos, ya no oigo, soy una más, me da igual lo que me rodea. No soy consciente de que los que me rodean tengan vida propia, ilusiones, problemas, amigos familias, solo existo yo y como mucho aquello en lo que pienso, de forma abstracta por supuesto. Solo pienso en mi propio ser, pero a la vez dejo de sentir, de sentirme. Ya casi he olvidado aquella impresión que sentía de pequeña al colorear un mapa. Siempre pensaba con miedo:” Estoy coloreando a personas, con vida, con ilusiones, con problemas. Estoy coloreando a su familia y a sus amigos.”

 

¿Por qué ya no coloreo mapas?

 

 

paseo de domingo

•2 octubre 2008 • Dejar un comentario

 

Ante mí se erguía un velero de madera, con tres grandes mástiles, las velas estaban recogidas pero ondeaba una bandera tricolor al viento. Los colores eran el Verde el Naranja y entre ellos el Blanco. El verde simboliza a los Irlandeses católicos, el naranja a los protestantes, un color más cercano el rojo inglés, y el blanco, entre ellos simplemente y a la vez de forma inmensa, simboliza la paz entre ellos, hace de vínculo de unión entre dos pueblos, dos culturas, dos formas de vivir la vida muy distintas y ya por fin después de siglos de peleas, se ondean juntos en una misma bandera, con un mismo viento, al mismo ritmo y simplemente separados por una franja blanca que significa, PAZ.

 

Un hombre mayor, que peina canas desde hace tiempo y que anda con dificultad, se para junto a mí, saca unos prismáticos del bolsillo y enfoca al barco, sonríe. Yo soy incapaz de saber que piensa, puede ser que en cuando era un niño y veía los barcos mientras que corría por la orilla del río Liffey, puede que piense en lo bien que les van las cosas a sus hijos y como ellos lo asimilan con toda normalidad, sin percatarse si quiera de la suerte que tienen. O tal vez, solamente, esté pensando en la cariñosa sonrisa que le regalo esta mañana el vecino de abajo al decirle, Have a nice day!

 

Bajo el casco del barco el agua corre dirección al Este. Intento seguir caminando por su orilla pero me encuentro con obras que me impiden el paso, saco el mapa y observo el camino que tengo que hacer para llegar a la playa. Callejeo un rato hasta llegar a una gran avenida, franqueada en el lado derecho por unas casitas bajas con jardines pequeñitos y en el lado izquierdo por grandes parques, que desemboca en una playa. Busco el mar y no lo encuentro, bajo a la arena, ando unos metros y enfoco la mirada hacía donde se supone que debería estar el mar y descubro, que donde se juntan tierra y cielo, entre el color pardizo de la arena y el azul claro del cielo, queda una mínima línea de color azul oscuro y si afino un poco más la vista hasta puedo ver unas pequeñísimas velas a lo lejos.

 

Decido seguir andando por la costa hasta que encuentro un montículo de rocas donde sentarme. El suelo estaba muy mojado a pesar de la gran distancia que me separaba del mar. Miro a mi alrededor y veo un matrimonio mayor él con larga barba blanca, y ella con una apariencia ágil y fresca a pesar de su edad, él se levanta de la roca para dar un masaje a su mujer. Unas niñas no muy lejos de ahí juegan a saltar descalzas en los charcos. Un perro corre por la playa perseguido por su dueño. Dos amigas pasean cogidas del brazo susurrando y riéndose a ratos. Yo sonrío, enciendo un cigarrillo y vuelvo a casa.

sintiendo

•21 septiembre 2008 • Dejar un comentario

 

                                                                                                                                              

Tras unos días en zonas verdes y viendo el sol desde un punto de vista distinto he de decir que soy completamente feliz.

Tras unos días en zonas verdes y viendo el sol desde un punto de vista distinto he de decir que soy completamente feliz.

El otro día brillaba algo a lo lejos y cuando llegué, descubrí que era un camino que empezaba y se extendía hacia un bosque de robles que poco a poco se iba espesando hasta llegar a una oscuridad bastante absoluta. Pero el camino seguía y una vez pasado el bosque, aparecía un puente sobre un río, que llegaba a un parque donde miles de niños jugaban. Al llegar al parque observe una hoja que me llamo particularmente la atención, me acerqué a cogerla pero levantó un poco de viento y se alejó de mi un par de metros. Me volví a acercar, me volví a agachar y volvió a moverse hasta que comprendí que quería que le siguiese. Le seguí hasta un valle y llegamos al mar, fuimos hasta la orilla pero allí le mojo una ola y se quedó sin poder volar más. Me entristecí un poco hasta que de repente, una concha, preciosa concha, me llamó la atención, estaba fascinadísima con ella cuando me percaté de que más a delante había una mucho más bonita, al cabo del rato encontré que un poco más lejos había otra más bonita, y luego otra y otra más, hasta que entendí que tendría que perseguirlas, que a algún lado me llevarían y me hicieron subir unas rocas y luego bajarlas y luego nadar por unas charcas y luego subir y bajar unas dunas y cuando ya estaba completamente agotada observé que me indicaban la entrada de una cueva y decidí entrar y pasé por un estrechísimo pasillo, con estalactitas y estalagmitas a los lados, haciendo curiosas formas, y llegué a un ensanche y había un río y una barca y remé con todas mis fuerzas y llegue a un punto donde el agua estaba totalmente tranquila y baje de la barca para descansar un poco y allí justo vi un atril resplandeciente con un libro dorado. Y ahí me dije: “Por fin he tenido recompensa”. Abrí el libro y pasé la primera página en blanco y leí…

 

 

 

 

” Enhorabuena has encontrado un tesoro, lástima que todavía no lo hayas descubierto, vuelve a tu casa por donde has venido, observando, oliendo, oyendo, en definitiva sintiendo cada paso que  des hasta aquí, ese es tu tesoro.”

 

Y así comenzamos

•31 agosto 2008 • Dejar un comentario

Y me desperté un día con ganas de explorar, de ver el sol desde diferentes puntos de vista. Había soñado que estaba encerrada en una cárcel sin verjas, de la cual era imposible escapar, la cárcel era inmensa y en ella yo podía hacer lo que quisiese, podía correr, saltar e incluso volar, pero no podía salir de ella, en esa cárcel estaba rodeada de las personas a las que más apreciaba, pero no podía hablar con ellos, había cantidad de libros de muy diversos temas, pero cuando los abría no se podían leer, las letras estaban ahí, pero por mucho que me esforzaba y lo intentase cuando leía una nueva palabra se me olvidaba la anterior por lo que era imposible saber si quiera que tema trataban, había música pero los instrumentos no se oían entre ellos y el resultado era una algarabía de ruidos ensordecedores, en esta cárcel se encontraban todos los tesoros del mundo, pero con la tremenda característica de que perdían todo su valor y no me refiero sólo a tesoros materiales, el que amaba cantar sentía que su cántico era terrible, el que amaba pensar, sentía que ninguna de sus ideas eran ni mediocres, el que amaba correr se sentía completamente imbécil corriendo al hacerse de una evidencia casi palpable el hecho de que corría sin ningún tipo de rumbo ni sentido.

Por lo que me desperté con ganas de correr, saltar, leer, cantar, soñar, idear y sobre todo de explorar y ver el sol desde diferentes puntos de vista y así comenzamos.

 
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