
Magia. ¿Qué es la magia? Es algo grande misterioso que nos hace ilusionarnos y volver a ser niños, o a serlo de manera más pura. Es aquello que consigue que nos encontremos con nuestro mayor grado de inocencia y sonriamos sin miedos.
Allá por donde pasaba el mago, solo veía sonrisas, acompañadas con un brillo en los ojos muy especial. No hacia falta que hiciese una demostración de sus maravillosas artes para que la gente fuese feliz, simplemente viéndole la vida de las personas se transformaba, aunque fuese durante unos instantes.
El mago recorrió el mundo varias veces, estuvo en los cinco continentes, conocía todos los océanos y mares del Mundo, y solo veía sonrisas. Hasta el extremo que se le olvidó por completo el concepto de tristeza, sin embargo cuando estaba solo, le invadía un sentimiento amargo que por supuesto no podía saber que era. El pensaba que de ese sentimiento devastador que encontraba en la soledad era de donde sacaba sus poderes para conseguir la magia. Qué en eso se diferenciaba del resto de las personas con los que se cruzaba a lo largo y ancho del mundo. El no siempre sonreía.
Por las mañanas se situaba frente al espejo y ponía en su cara una sonrisa, pero era incapaz de ver brillo en sus ojos, y desde luego no trasmitía aquello que trasmitían los demás. Sin embargo salía a la calle y en cuanto empezaba a ver sonrisas a él se le iba contagiando. Pero claro en la calle no llevaba espejo por lo que no sé la veía, y cuando volvía a casa otra vez la había perdido.
Desesperado por no encontrarse el brillo en los ojos, decidió buscar a otro mago, a ver si él le trasmitía la sonrisa, busco y busco pero todos le parecían estafadores que no hacían verdadera magia, eran solo trucos y eso en lugar de darle una sonrisa le provocaban ganas de gritar.
Decidió acudir a una convención de magos que se celebraba en Moscú, pensando que entre tanto mago, alguno sería auténtico. Cuando llego todo el mundo sonreía, y eso le dio mala espina. Fue entrando en todas las salas y en cada cuál había un espectáculo mayor, pero todo eran trucos, se desesperó. Decidió subir al cuarto a por sus maletas, decidido de que era mejor recorrer el mundo viendo sonrisas que viendo a esos estafadores que se proclamaban sus iguales.
Cuando subió las escaleras corriendo por el agobio que sentía ahí dentro se encontró que en lo alto de las escaleras había una chica que tenía gotas de agua en la cara y los ojos muy brillantes, muy brillantes. Sorprendido por eso decidió preguntarle que le hacía tan feliz que conseguía materializar el brillo de sus ojos en maravillosas gotas de agua.
La chica le miró sorprendida pero no hablo, él le contó su historia, ella le miro a los ojos y dijo: Creo que los dos por fin hemos encontrado la formula de la sonrisa.
El otro día me encontré a un amigo con una gran sonrisa. Le pregunté a que se debía toda esa felicidad. La única razón que me dio, fue que hacía una semana se había encontrado con dos magos en un parque y que desde entonces no había parado de sonreír. Le pregunté por los trucos, invadida por la curiosidad. No se acordaba, pero no eran trucos…





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